viernes, 15 de agosto de 2014

EL HORROR EN HOWTH HILL (Robert Anton Wilson)

EL HORROR EN HOWTH HILL

Fragmento de E-mail al Universo de Robert Anton Wilson

Traducción: Mazzu



Fueron las lluvias, lo juro – las interminables e indescriptibles lluvias irlandesas – las que nos empujaron al vacío. Mi viejo castillo gótico, situado en lo alto de la colina de Howth y mirando hacia la bahía de Dublín, no sólo era húmedo, frio, y oscuro (debido a las nubes omnipresentes), sino que además rápidamente iba volviéndose un lugar ominoso, ruidoso y fétido. De hecho, lucía como el escenario de una película de Bela Lugosi – un escenario adecuado, pensé después, para el terrible encuentro entre el profesor Timothy Finnegan y J.R. “Bob” Dobbs.

La lluvia era continua desde hacía dos meses, dotando a todas las cosas de una mohosidad pegajosa y enervante. En la biblioteca las páginas de los libros comenzaban a pegarse, incluyendo las de mi apreciada copia de la traducción al alemán del prohibido Necronomicon (Das Verichteraraberbuch, Von Juntz, 1848) y del perturbador y cuestionable Teratologica Ontologicum de De Selby.

Rancid, el mayordomo, se emborrachaba todos los días y yo no podía culparlo. Las criadas – la morena y sensual Immaculata, y la rubia y pechugona Concepción – no sólo eran lesbianas, como sospeché desde un principio, sino también adictas al speed. Pasaban todo el día en su cuarto inyectándose y haciendo el 69, inyectándose y haciendo el 69. Habían descuidado totalmente sus tareas y el castillo entero había comenzado a lucir como el fondo de una caja donde una gata había parido a sus gatitos. Adam, el anciano jardinero, había estado volándose los sesos con LSD desde la tercera semana de lluvia, y los terrenos tenían el aspecto fantasmal e innombrable de los pantanos de Yuggoth rediseñados por Salvador Dalí. Si el maldito aguacero no terminaba pronto, yo temía que todos nos volviéramos locos. Creo que yo mismo me habría hundido en el letargo y la desesperación existencial de no ser por mis reservas de mescalina y XTC.

Y lo peor de todo: se acercaba la maldita Noche de Walpurgis, y el profesor Finnegan había venido nuevamente para su visita anual[1].

Personalmente, siempre me cayó bien Finnegan, quien no es un mal tipo en absoluto – a su extraña manera. Pero siempre está en medio no sólo de un torbellino de controversia académica, sino en el epicentro de una verdadera telaraña de operaciones clandestinas: donde pisa Tim Finnegan, es seguro que la CIA y la KGB merodean tras sus pasos, y el IRA e incluso el PLO pueden llegar a mostrar interés, por no mencionar a los Caballeros de Malta[2], los Illuminati[3], el Priorato de Sión[4], la Cruzada del Campus por Cthulhu[5], y otras sociedades y cultos secretos cuyas reputaciones son repugnantes y sus metas son inescrutables para el común de la gente. Algunas de ellas están más allá de la comprensión para el escuadrón de vicios de Los Angeles o para los especialistas en psicología anormal en el Instituto Kinsey, lo juro.

Como es habitual, Finnegan tiene una nueva obsesión este año. Está determinado a descubrir la dimensión exacta del pene de un gorila ficticio. Cualquier académico ordinario, aunque excéntrico, decidiría escribir un artículo sobre las dimensiones de la chonga de un gorila real, vivo o muerto, pero el viejo y querido Timothy quería descubrir la magnitud del pilín de un gorila que ni siquiera ha tenido existencia real – King Kong, del famoso film de terror de 1933. Naturalmente, tratándose de Finnegan, tiene razones para esto que ninguna persona normal puede entender[6]. Él dice que el año 1932 (cuando King Kong estaba siendo producida) fue un pivote en la evolución, en cierto sentido místico que sólo él comprende.

“En 1932” me estaba diciendo durante el desayuno esta mañana, “murió Alice Pleasance Liddell , y también John Stanislaus Joyce”.

“¿Y quién carajo eran esos dos?” pregunté irritado.

“Alice P. Liddell,” dijo sombríamente, “fue la modelo para Alicia en el País de las Maravillas. Charles Dogson y/o Lewis Carroll – la personalidad dual más exitosa del mundo – la amó... mmmh, eh, ‘no sabiamente, pero muy bien’. Muy bien, de todos modos, para evitar las especulaciones de los freudianos. Y John Stanislaus Joyce era el padre de James Joyce ¿Ve la conexión?”

Admití que el vínculo me evadía.

“Alice Pleasance Liddell o APL,” dijo Finnegan simplemente, “es uno de los aspectos de Anna Livia Plurabelle o ALP, la supermujer que contiene a todas las mujeres en el Finnegans Wake de Joyce”

“Ah” dije. Parecía ser el único comentario adecuado.

“Me he preguntado” continuó, “si uno puede igualar APL con ALP, ya que ambos son iguales a 111, ¿qué hay del PLA?[7] Pero decidí que era irrelevante. Lo importante es que en 1932 no sólo murieron Alice P. Liddell y John S. Joyce, sino que se logró por primera vez la división del átomo, y fue descubierto el nonagésimo segundo elemento químico – el último elemento natural, como verás. Por primera vez en la historia, la humanidad tuvo acceso a la energía de las estrellas y poseyó un catálogo completo de los ladrillos básicos con que está construido el universo.

“Y, por supuesto, Roosevelt II fue electo en EE.UU. y Hitler en Alemania ese mismo año, 1932, cuya suma numerológica, incidentalmente, es 15, el número de la carta del Diablo en el Tarot. King Kong, ya ves, tuvo que emerger del inconsciente colectivo en ese punto exacto, especialmente dado a que Cary Grant había cumplido 28 años el 18 de enero de ese año”.

El profesor Finnegan continuó en esa tesitura un largo rato, pero perdí el hilo de su argumento – algo que les sucede muy a menudo a los lectores de sus libros, según la queja de los críticos. Todo lo que pude recordar después es que Cary Grant tenía 28 años cuando yo nací, y que el 28 es un número conectado con la menstruación, la diosa de la Luna de los antiguos celtas, Bridget, y el vínculo sincronístico que va desde la obsesión de Lewis Carroll por las niñas premenstruales al hábito de Cary Grant de evitar las cenas de los Premios de la Academia para quedarse en su casa, tomando LSD, y mirando la ceremonia del Oscar en la TV mientras “reía incontrolablemente y saltaba sobre la cama”, de acuerdo al testimonio de su tercer juicio de divorcio.

Eventualmente, finalizamos nuestro pausado desayuno. Eran las diez treinta y los pubs ya habían abierto, así que Timothy se puso su impermeable marrón (parece llevarlo puesto desde 1904, creo) y salió en busca de inspiración irlandesa.

Yo fui al estudio e intenté poner nuevamente manos a la obra con mi nueva novela de ciencia ficción, El Amigo de Wigner, que trata sobre un universo paralelo donde Moe Howard se hizo Papa y Adolf Hitler emigró a los Estados Unidos y se transformó en un popular guionista de westerns.  Como es usual en estos últimos tiempos, mi creatividad se había humedecido con la lluvia deprimente, la ominosa y non sancta risita similar a la de Peter Lorre del jardinero luego de que su dosis diaria de LSD le hiciera efecto, y los extraños, fétidos, e innombrables hongos que habían crecido en los muebles desde que las criadas se habían enganchado a las metanfetaminas y habían dejado incluso de simular que estaban limpiando.

Rancid, el mayordomo, entró tambaleando al estudio, se tropezó, derribó un jarrón Ming, vomitó en la maceta del helecho, y me preguntó si yo necesitaba algo. Lo mandé a su habitación sin rencor alguno. De cualquier manera estaba demasiado borracho para comprender cualquier cosa que le dijera. Sin embargo, desearía que no se pareciera tanto a Boris Karloff en su papel de mayordomo alcohólico (y eventualmente homicida) en El Caserón de las Sombras. La lluvia continuaba cayendo, y el cielo permanecía encapotado y oscuro, llevando mis pensamientos hacia los temas más mórbidos imaginables. En verdad me alegré cuando Finnegan retornó; lo hizo en un auto conducido por un turista americano que había conocido en el Royal Howth, un tal J.R. “Bob” Dobbs.

“Bob, te presento a ‘Bob’” dijo con tono solemne. Pude ver que se había embuchado al menos cinco o seis pintas de Guiness stout, y traté de no incomodarme o dejar correr mi imaginación sobre el simple hecho de que “Bob” tenía una calcomanía de la Cruzada del Campus por Cthulhu en el paragolpes de su Toyota. Los estadounidenses suelen tener un sentido del humor extraño. Sin embargo, mientras entrábamos al castillo, volví a mirar hacia el coche y me estremecí involuntariamente al leer las palabras en el paragolpes:

¿Has abrazado hoy a tu shoggoth?

Fuimos a mi estudio, donde Finnegan, con su habitual y exuberante generosidad celta, abrió una botella de mi mejor Tullamore Dew y le ofreció una saludable medida doble a “Bob”. Me sentí complacido de que me ofreciera un poco a mí también.

“’Bob’ tiene algunos datos verdaderos sobre la chonga de Kong” dijo Finnegan de repente, luego de finalizar el resto de la botella de un solo trago.

Levanté una sola ceja inquisitiva, gesto que aprendí de las películas de Basil Rathbone. “Bob” estuvo ocupado un momento volviendo a encender su pipa y luego habló con un suave acento cansino de Texas.

“El hombre promedio” dijo, “tiene una altura de entre 5.8 pies y 6 pies (1.70 m. y 1.80 m.), ¿cierto? Y una erección humana promedio, al menos según mi esposa, ‘Connie’ – que es mucho más experta que yo en lo que concierne a machos en celo – está entre las 5 y las 7 pulgadas (12 cm. y 17 cm.). Los tipos que la tienen de nueve o doce pulgadas (22 y 30 cm.) que vemos ocasionalmente en las películas porno son fenómenos de la naturaleza, como los watusis o los jugadores de básquetbol que pueden medir más de dos metros de altura ¿me siguen? Así que el macho humano promedio, estadísticamente, la tiene de unas 6 pulgadas (15 cm.) ¿Okay? Ahora, en el caso de Kong, tenemos a un antropoide de unos 24 pies de altura (7 m.), como podemos juzgar por la escena en el teatro. Eso significa que mide cuatro veces más que un hombre de 6 pies de altura. Cuatro por seis es veinticuatro, así que a Kong le mediría unas 24 pulgadas o 2 pies de largo (60 cm.)”.

“No me sorprende que Fay Wray gritara tanto” dije. “Ella se hallaría en la misma posición que la joven dama al pie del cañón del poema de T.S. Elliot”. Finnegan alzó una ceja inquisidora (él también había visto un montón de películas de Basil Rathbone) y cortésmente abrió otra de mis botellas de Tullamore Dew. Para explicar mi acotación, recité las líneas inmortales de Miércoles de Ceniza:

A una joven dama al pie del cañón
Le gustaba que se la metieran hasta el riñón
Y un hombre con mucho resuello
Se la hizo llegar hasta el cuello
La tenía bien grande ¿no es así?

Finnegan volvió a llenar nuestros vasos y se sentó en un sillón. Lucía preocupado.

“Bien”, le dije alegremente, “su problema ha sido resuelto. No hay problemas con ‘Bob’ (there’s no prob with ‘Bob’)”.

“No lo sé” replicó pensativo el sabio de Dalkey. “Tal vez estamos encarando el asunto desde un ángulo totalmente erróneo. ‘Bob’ se refiere a Kong como una criatura desde el punto de vista de la biología, cosa que enfáticamente es lo que nuestro Gran Amigo no es en absoluto. Kong es una criatura mitológica, mmmh eh... está en el inconsciente colectivo”.

“Seguro” dijo “Bob” rápidamente. “Demonios, hijo, no existen los gorilas de veinticuatro pies de altura en el mundo real. Pero si aceptamos eso en favor del argumento, ¿por qué carajos discutimos sobre Kong en primer lugar? ¿Cuáles son las dimensiones de un mito, de un sueño, de un efecto especial? Contéstame eso”. Y tomando el Tullamore Dew, empinó otro trago abundante. Pude ver que íbamos a tener un día marchoso.

“Bien” dijo Finnegan, “debemos buscar nuestra pistas en el mismo registro del inconsciente colectivo. Kong es una Divinidad de la Naturaleza, por ponerlo de alguna manera, y, considerando su concupiscencia – que en americano sería calentura, ‘Bob’ -, específicamente, él es un Dios de la Fertilidad. Debemos abordar el tema desde la perspectiva de la patapsicología”.

“¿Qué quiere decir?” pregunté incómodo. A la distancia ladró un perro y, aún más lejos, se escuchó el rumor ominoso de un trueno.

“Sabemos una cosa sobre los Dioses de la Fertilidad” dijo Finnegan. “Los antropólogos los llaman itifálicos y no sin razón. Hacen que los sementales de las películas porno se vean diminutos en comparación. Osiris es retratado en el arte egipcio con una pinga tres veces mayor a la que uno esperaría ver en un hombre o en un dios de su tamaño. En Grecia, Hermes usualmente era representado con una herramienta casi del tamaño de su cuerpo – por lo que sus estatuas parecen una cómoda con el cajón del medio bien salido hacia afuera. Y en lo que respecta a Finn Mac Cool, algunos de los versos más poderosos de la épica feniana – las líneas más bellas de nuestra tradición galesa, a pesar de que usualmente son eliminadas de la traducción inglesa – lo describen virtualmente como un saltador de garrocha, pero con la garrocha incorporada”.

“Demonios, hijo” dijo “Bob” riendo, “esa es tal vez la leyenda más persistente de todas. Cuando yo era joven, todo el mundo en los Estados Unidos creía que Dillinger la tenía de veintitrés pulgadas (casi 60 cm.),y que había sido preservada en alcohol en el museo Smithsoniano luego de su muerte. Más tarde, el mito le fue adjudicado a un actor llamado Errol Flynn. A los crullers alargados, el tipo que ustedes aquí llaman berlinés, les decían Errol Flynns”.

“Entonces...” interrumpí, afectado por la extravagancia, “cuando John Fitzgerald Kennedy fue a Alemania y dijo ‘Ich bin ein Berliner’ ¿simplemente estaba siendo diplomático, o estaba alardeando?”

 Me ignoraron. “Dillinger y el Sr. Flynn se han vuelto semidivinos en el folklore,” dijo el profesor empinando otro trago de Tullamore Dew, “y por lo tanto, se espera que tengan atributos semidivinos, dos o tres veces más grandes que lo normal. Los seres verdaderamente divinos tienen más, mucho más. Considerando a Osiris y Hermes, diría que una divinidad la tendría de un tamaño seis veces mayor al normal, como mínimo. Como espíritu de la fertilidad, Kong no debería estar dotado con los 60 cm. que tendría un verdadero gorila de siete metros de altura, sino que la tendría de unos tres metros y medio”.

“Eso concuerda con los libros de antropología que he leído” convine. “La teoría primitiva dice que cuanto más grande la polla, más grande es la divinidad que la ostenta”.

Pausamos para considerar las ramificaciones patapsicológicas de nuestras teorías. Un trueno retumbó cerca de mi castillo y los perros comenzaron a aullar con ansiedad.

“¿Saben, amigos?” dijo Dobbs, llenando su pipa nuevamente – comencé a reconocer el aroma de lo que estaba fumando y comprendí por qué siempre tenía esa sonrisa de satisfacción – “vengo de Texas, donde tenemos casi tantos católicos como hay aquí en Irlanda. Hay un gran jaleo en la iglesia católica en estos días porque algunas monjas se han vuelto feministas y están reclamando el derecho a dar misa. El Papa se reúsa de plano. Dice que uno definitivamente debe tener pito para realizar el sacramento”.

Finnegan estaba hurgando en mi bar buscando más Tullamore y, al no encontrar ninguno, abrió una botella de Jameson. “¿Por qué un sacerdote debe tener pito en la liturgia católica?” dijo suavemente. “El sacerdote representa a Dios, que tiene la Pinga más grande de todas – incluso más grande que la de Kong”.

“¿Qué pasó?” objeté. “Hubo un salto cuántico o algo por el estilo aquí. Repita eso para mí”.

“Usted mismo lo ha dicho” replicó Finnegan. “Cuanto más grande la polla, más grande es la divinidad que la ostenta. Y Yahweh, el dios judío que se transformó en el dios del cristianismo, siempre afirmó ser más grande y mejor que los otros dioses de medio oriente que competían con él. Debía estar dotado con un cipote que haría que Osiris o Dionisos, por decir, se vieran impotentes en comparación”.

“¿Cuán grande sería?” pregunté desafiante. Si Finnegan y “Bob” con sólo dos botellas de whisky pudieron deducir el tamaño de la chonga de Kong, yo estaba seguro que con otra botella podrían hacer lo mismo con la de YHVH

“Bien,” dijo Finnegan, “el mismo Yahweh no puede ser mucho más grande que Kong. Él recorría el Edén al ocaso – sin aplastar los árboles y sin provocar ningún desastre notable del tipo que Godzilla hubiera dejado a su paso. Le mostró su trasero a Moisés y nadie en Grecia o Babilonia vio ese espectáculo cósmico.

“Yo diría que no podría tener una estatura superior a los doce o quince metros de alto. Biológicamente, eso nos daría de un metro a un metro y medio de verga. Mitológicamente, si hubiera sido un dios de la fertilidad ordinario como Hermes o Finn, tendría que haber tenido seis veces más que eso, es decir de siete a nueve metros. Pero tratándose del Señor de los señores, el Rey de reyes, etc. debería al menos doblar nuestras expectativas. Debería tenerla de unos quince metros. Erecto, él sería simétrico, quince metros verticales de estatura, y quince metros horizontales de verga, como una especie de F gigante sin el trazo superior”.

“Comienzo a sentir por la Virgen María el mismo tipo de simpatía que sentí antes por Fay Wray” dije, apurando mi vaso de Jameson. Pero entonces me asaltó otra idea. “Yahweh pudo haber tenido ese tamaño en los tiempos bíblicos. Las escrituras están repletas de otras referencias que lo muestran con la misma altura que Finn Mac Cool o Zeus, digamos. Pero él ha crecido durante la era científica. Cada nuevo avance de la astronomía ha obligado a la tradición judeocristiana a hacerlo más grande y, uh eh, más gaseoso de lo que era. Para la época de Newton, debió tener al menos un tamaño de millones de millas para haber creado el universo conocido. Y desde que hemos descubierto otras galaxias a partir de la década de 1920, habrá crecido billones y billones de años luz – como mínimo”.

“Si” dijo “Bob” reflexivamente. “Para ser consistente con la cosmología actual, el dios judeocristiano tendría que ser morrocotudo, por decirlo de alguna manera. Y el tamaño de su chonga --- la mente se marea al considerarlo”.

“Sin embargo, si aceptamos al cristianismo en cualquier sentido, incluso en el metafórico como el Sr. T.S. Eliot,” murmuró Finnegan pensativamente, “esa metáfora demanda una verga proporcional para su divinidad. Billones y quintillones de parsecs desde el glande hasta la base. La única salida a esta lógica es el sendero feminista. Castrar a la divinidad. Ya no tiene chonga. Él ya no es un ‘él’. Un eunuco cósmico”.

“Bien, también está el sendero feminista radical,” sugerí yo. “Él es ella”.

“Señor, señor” dijo “Bob” confusamente, apurando un poco más de Jameson. “Ahora tendremos que tratar de visualizar una vagina de quintillones de parsecs de profundidad”[8].

Fue en este punto, lamentablemente, que el whisky se me subió a la cabeza y comencé a cabecear en mi silla. Amablemente, ni el profesor Finnegan ni “Bob” intentaron despertarme, razonando que yo necesitaba descansar, y procedieron a hurgar entre mis mejores coñacs, ahora que se había terminado el Jameson. En ese estado hipnopómpico a medio camino entre la borrachera y el coma, yo era semiconsciente, o soñaba que era semiconsciente, de la continuidad de la conversación.

De alguna manera, Finnegan y “Bob” divagaron desde la elevada contemplación de las chongas divinas hasta volver nuevamente a King Kong, y estaban de acuerdo en condenar las remakes baratas producidas por algunos estudios japoneses y la caricatura abominable de De Laurentiis. Es más: ambos pensaban que era tiempo de hacer una remake “sincera”, y rápidamente esbozaron la idea de un filme que yo, en mi delirio, pude ver tan claramente como si ya lo hubiesen filmado.

Esta vez, Ann Darrow sería interpretada por Marilyn Chambers, sobre la base de que Detrás de la Puerta Verde, considerada psicoanalíticamente, ya era parte de los mitos de Kong. Al igual que Fay Wray en la original, en la Puerta Verde Marilyn es raptada y obligada a copular con un Espíritu de la Fertilidad divinamente dotado. “Bob” y Finnegan concordaban completamente en que el super-semental negro de la Puerta Verde, con su mastodóntica herramienta (y el hueso de “salvaje” en su nariz) representaba la misma fuerza generativa primitiva que Kong. “La Pornografía” escuché que “Bob” decía con profundidad, “sólo hace explícito lo que está implícito en el arte folklórico, como Kong”.

En la nueva King Kong, Marilyn Chambers junto a un productor de porno, interpretado por Al Pacino, viajan a la Isla Calavera para realizar el máximo filme húmedo épico. Kong aparece con su polla de dos metros claramente visible en cada toma “¡Nada de hojas de higuera!” exclamó “Bob” con énfasis. Dinosaurios gigantes y otros monstruos corren fuera de control, como en la original, creando un gran caos para el equipo de filmación, y Marilyn es rescatada por un miembro diferente del grupo cada vez que está en peligro de caer presa de Kong o de alguno de los reptiles; y ella expresa su gratitud en la manera tradicional de Chambers, para placer de la mayoría voyeur.

En el climax, cuando Kong corre salvajemente por New York buscando a su pareja, Marilyn, su herramienta gigante horroriza a Andrea Dworkin, quien hace de ella misma. Ella rápidamente reúne un grupo de quinientas señoras gordas de los circos, que dominan al Gran Amigo y lo bajan sin necesidad de aeroplanos. Luego lo emasculan sangrienta y detalladamente, en pantalla ancha a pleno Technicolor.

Luego, al órgano ofensivo le adosan un bloque de plomo y es arrojado al Río East para que no vuelva a aparecer.

Mientras Dworkin lidera una horda de feministas radicales en la celebración de la victoria, hay un corte; pasamos a la sala de conferencias de una universidad y el filme cambia a un estilo documental. Varios voceros principales del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal – p. ej. Carl Sagan, Martin Gardner, James Randi, y Herr Professor Sheissenhosen – están repartiendo su tiempo entre persuadir a la audiencia de que los gorilas nunca crecen hasta los 7 metros de altura, y que la película que acaban de ver ha sido una fantasía y por lo tanto es nefasta.

Sheissenhosen toma el micrófono en primer lugar, pero su charla pronto degenera en desvaríos incoherentes sobre el abuso de la cocaína en Hollywood, los complots de la CIA, el “eje Vaticano/Mafia”, etc., y es persuadido gentilmente a ceder el podio. Randi comienza denunciando a todos los que no están de acuerdo con él, diciendo que son un fraude, que son malhechores y abusadores de niños.

Martin Gardner le quita el micrófono y argumenta que todo el daño sufrido en el centro de Manhattan no prueba la existencia de los monos gigantescos y que puede ser “explicado mejor de manera científica y económica” suponiendo la caída de de un meteoro gigante. Entonces el Dr. Sagan se acerca al podio y urge a todo el mundo a tener cuidado de las ideas locas y fantásticas. Comienza a irse por las ramas en una exposición lírica sobre los “billones y billones” de galaxias con billones y billones de estrellas, y se dispone a seguir en esa tesitura cuando súbitamente una ENORME MANO NEGRA traspasa el piso y lo agarra de los testículos.

En este punto, caí en un sueño más profundo. Al rato, sin embargo, o bien desperté totalmente o tuve la peor pesadilla de mi vida – nunca estuve muy seguro de ninguna de las dos opciones -, pero me pareció que Finnegan había retomado el tema de las dimensiones de las vergas de las divinidades, y argumentaba que el catolicismo es el último sobreviviente de los antiguos cultos itifálicos del Mediterráneo.

No solamente uno debe tener pito para ser un sacerdote, decía, sino que el Papa continúa insistiendo sobre eso porque la orden interna dentro de la iglesia – creo que se refería a los Caballeros de Malta – todavía mantienen la creencia antediluviana de que cuanto más grande la pinga, más grande es la divinidad que posee, o posee más magnetismo animal, o más magiak, o algo por el estilo. Él propuso una teoría totalmente nueva y chocante sobre la manera en que el Colegio de Cardenales elige a los Papas y por qué este procedimiento siempre es ocultado al público tras puertas cerradas sin revelar nunca los detalles.

Evidentemente, él estaba sugiriendo seriamente que, al igual de que se requiere de un pito para transformar un trozo de pan en el cuerpo de un judío muerto, se requiere de la verga más grande del planeta para ungir a otros y pasar el poder para realizar esta sorprendente transformación alquímica.

Mientras lidiaba con este pensamiento, imaginando los cónclaves secretos de la Curia como si fueran sesiones de casting para el papel principal masculino de una porno, y preguntándome por qué Kong no había sido designado al menos como Papa Honorario, el mayordomo Rancid súbitamente irrumpió en el cuarto empuñando una ametralladora Thompson.

“¡Esto ha ido demasiado lejos!” gritó con los ojos vidriosos y echando un poco de espuma por la boca.

“Vamos, vamos, viejo...” comencé a decir gentilmente, como debe uno proceder con los borrachos.

“No me vengas con lo de ‘viejo’, unitario pervertido” gritó histéricamente. La ametralladora, que antes apuntaba a todos en general, ahora apuntaba directamente a mis entrañas. “Yo no soy ningún maldito mayordomo. Soy el Cardenal Luigi Mozzarella, de la Santa Oficina de la Doctrina de la Fe, y Gran Maestro de la Soberana Orden Militar de Malta”.

Se hizo un silencio “embarazoso”, o forzoso, o siniestro, mientras todos digeríamos eso.

“Nosotros no tenemos el Halcón Maltés, en serio” dijo “Bob” débilmente.

“A la mierda con ese maldito pájaro” espetó el Cardenal Mozzarella. “Hemos perdido ochocientos años buscándolo, y ochocientos años es más que suficiente para dar por perdido un proyecto. Soy uno de los treinta y dos agentes asignados para monitorear a los herejes, Finnegan, y esto es lo que temíamos. Ustedes adivinaron los secretos internos de nuestra Santa Orden y deberán ser eliminados. Todos ustedes”.

Levantó la ametralladora y sentí la abrumadora sensación que Chandler, creo, definió como ‘tener aguda consciencia de que uno no es a prueba de balas’.

“¡Bueno, Luigi, suelta el arma!”

Todos giramos para mirar hacia la puerta donde estaba Adam, el anciano jardinero, aunque ya no lucía como un anciano. Se había quitado la peluca blanca y había abandonado su postura encorvada. Era un hombre joven y peligroso, y sostenía un rifle automático.

El Cardenal Mozzarella soltó la ametralladora, estupefacto. Finnegan se abalanzó hacia ella y la recogió.

“Permítanme presentarme” dijo el extraño que antes había sido mi jardinero. “Soy Adam Weishaupt IX, primus Illuminatus, y Gran Maestro de la Ordo Templi Orientus, del Rito Escocés, el Rito de York, el Rito Egipcio, y del Rito de Menfis y Mizraim. Resumiendo” resumió, “controlo todas las conspiraciones masónicas del planeta. Hemos estado vigilándolo y protegiéndolo desde hace rato, profesor Finnegan, ya que sabíamos que los Caballeros de Malta eventualmente atentarían contra su vida”.

Finnegan colocó con cuidado la ametralladora sobre el escritorio del rincón. De manera distraída noté que “Bob” se dirigió en esa dirección y se sentó casualmente en el borde del escritorio, reencendiendo su pipa. Justo en ese momento estallaron las ventanas y las criadas, Immaculata y Concepción, irrumpieron en el salón cargando sendas bazucas. “Suelta ese rifle, perro Illuminati” vociferó Immaculata. “Ahora nosotras estamos al mando aquí”.

“¿Quién demonios son ustedes?” resolló el Cardenal Mozzarella, obviamente descreyendo que hubiese tantas conspiraciones congregadas en un solo castillo gótico.

“Somos Altas Sacerdotisas de la Paratheo-Anametamística-Hermandad de Eris Esotérica, o POEE”. (POEE fue pronunciado “púi”, al menos en su dialecto)

“¿Eris?” chilló el primus Illuminatus.

“Eris, diosa del caos, la discordia, la burocracia y las relaciones internacionales” explicó Immaculata. “Nuestro eslogan es ‘la Desobediencia fue la Virtud Original de la Mujer’. El mundo ha sido manejado durante mucho tiempo por conspiraciones masculinas. Nosotras somos la primer conspiración totalmente femenina”.

“Herejesssssss” siseó venenosamente el Cardenal.

“El inevitable balance yin a nuestras energías yang” murmuró pensativamente el Illuminatus.

“¿Van a matarnos?” pregunté, siendo práctico en lo referente a la situación.

“No, claro que no” dijo Immaculata. “El Caos es el oficio natural de nuestra Señora. Vinimos a evitar que se maten entre ustedes. Los queremos vivos a todos, así pueden seguir esparciendo la disputa y la confusión, y el Caos siempre se incrementará de manera constante. Salve Eris. Oh Salve Discordia”.

“Así que vamos a pedirles” dijo Concepción “que muevan las armas hacia el centro de la sala – con sus pies, por favor. Luego cada uno se retirará por puertas separadas. Vayan en paz” añadió piadosamente, “y continúen predicando sus falsas doctrinas”.

“Aguarden un minuto, señoras,” dijo Finnegan. “Tengo que hacer una breve declaración. El profesor Finnegan murió pacíficamente mientras dormía hace más de diez años. Yo he estado personificándolo desde entonces. Soy un viajero del tiempo, en vuestros términos. Nací en Damasco hace más de mil años. Mi nombre era Abdul Alhazred y fui el primero en aprender el arte de la reencarnación positrónica. En términos profanos, cuando un cerebro se desgasta por la edad, yo simplemente muevo mi energía cuántica hacia otro cerebro. Me apoderé de Finnegan mientras agonizaba y sencillamente continué la Gran Obra a la que ha estado consagrada la Orden de los Hashishim durante un milenio – el retorno de los Grandes Primigenios Superiores, o GPS, como los llamamos nosotros”.

“¿GPS?” exclamó Immaculata sorprendida.

“Bueno, es que están por todas partes” admitió Abdul, “pero son más poderosos que vuestra Eris, o que ese tal Yahweh de la otra pandilla, o que cualquier otro de esos dioses recientes y advenedizos. Y ahora que tengo a los líderes de todos estos cultos menores reunidos en un solo lugar, invocaré al Gran Cthulhu para que devore vuestras almas”. Entonces comenzó a entonar una letanía en una lengua antigua y horrenda:

“¡Iä, Shub-Niggurath! ¡Cthulhu fhtagn! ¡Yog Sothoth neblod zin! ¡Iä! ¡Iö! ¡Nov shmoz ka pop! ¡Ph’nglui mglw’ nafl nagcopaleen Baile atha Cliath wgah’nagl fhtagn Tsog!

Mientras entonaba esta blasfema y espantosa invocación, el árabe loco comenzó a metamorfosearse ante nuestros ojos, creciendo, hinchándose, transformándose en un enorme tazón de yogurt verde, cambiando a un aguaviva con un millón de ojos inyectados en sangre, luego en un pitbull con SIDA, después en un Procurador General republicano, en un hombre lobo, y en cada una de las horribles criaturas de pesadilla imaginables por un cerebro enloquecido por el hachís, porque todas estas visiones horripilantes eran, ahora entiendo, aspectos individuales de la monstruosidad múltiple que era Cthulhu, el Banquero Interestelar, fuente de todo mal y de toda conspiración, inventor del punk rock, y Devorador de Almas – ¡la Cosa en el Centro del Pentágono!!!.

Entonces “Bob”, tan borracho que no recordaba quién estaba al mando, intentó patear la ametralladora hacia el centro de la sala como habían exigido las Erisianas, y el arma comenzó a disparar en todas direcciones. Me zambullí por la ventana y rodé mareado sobre el césped, con mi cerebro trastornado por las trerribles visiones que acababa de atestiguar.

Me dijeron que los vecinos me encontraron vagando sin rumbo bajo la lluvia, balbuceando de manera incoherente. Ellos llamaron a la ambulancia. Hace dos semanas que estoy en la Clínica para alcohólicos St. John of God. Creen que los horrores que yo murmuraba cuando me trajeron aquí indican un consumo desmedido de whisky irlandés, y prefiero dejarlos pensar así. No me atrevo a contarles a las buenas monjas de aquí cómo son elegidos los Papas, ni por qué es necesario tener pito para realizar la transubstanciación de las moléculas durante la eucaristía... o que, en el último momento de consciencia antes de que “Bob” disparara la ametralladora accidentalmente, vi el rostro de Cthulhu, el amo de este Universo de Muerte y reconocí que era mi propio rostro... porque la transformación positrónica ha sido nuevamente consumada. Si, Abdul Alhazred vive otra vez, porque yo soy él, y ahora sé que estaba equivocado durante mi juventud al creer que el bien era mejor que el mal porque generalmente es más agradable. Ahora sé, gracias a la memoria de muchas vidas a lo largo de mil años, que el mal es mejor que el bien ya que al final siempre gana... ¡Iä! ¡Shrug-Yrsh’idrs! ¡Notary sojac! ¡Sinn fein amhain!






[1] Finnegan fue el filósofo irlandés más controvertido de mediados del siglo XX. Para detalles biográficos, ver Dalkley Archives, de O’Brien, Picador Books, Londres, 1976, y/o The Widow’s Son, de Wilson, New Falcon Publications, 2004. Podrán encontrar lo más destacado del furor sobre Finnegan en The Finnegan Code de Conneghen, Ediciones de la Sociedad Antropológica Royal Sir Myles na gCopaleen, Dalkley, 1937; Teratological Evolution, de Flahive, Ediciones del Instituto Bioquímico Royal Sir Myles na gCopaleen, Dalkley, 1972; Finnegan: De onbekende filosoof, de De Kosmos, Amsterdam, 1951; Finnegan – l’Enigme de l’Occident, de La Foumier, Universidad de París, 1933; Finnegan Du Jhing, de Han Tui Po, Universidad de Beijing, 1972; Finnegan: Homme ou Dieu? de La Toumier (no confundir con La Foumier), Ediciones J’ai Lu, París, 1904; Finneganismus und Dummheit (6 vol.), de Sheissenhosen, Universidad de Heidelberg, 1942-52; La Estupidez de Sheissenhosen, de La Puta, Universidad de Madrid, 1975; Ist Finnegan eine Droge oder haben wir sie nur falsch verstanden? de Turn-und-Taxis, Sphinx Verlag, Basel, 1922; A Chara, na caith tabac, de O’Broichnan, Ediciones del Instituto Zoológico Royal Sir Myles na gCopaleen, Dalkley, 1992.

[2] Los Caballeros de Malta – o más propiamente la Soberana Orden Militar de Malta (SOMM) -, con sus ochocientos años de antigüedad, son la “policía secreta” o “buró de asuntos sucios” del Vaticano. Según el Covert Action Information Bulletin #25, invierno de 1986, algunos de los miembros notables más recientes de la SOMM son: el Dr. Otto von Hapsburg (uno de los principales organizadores del infame grupo Bilderberg), Franz von Papen (el hombre que persuadió al presidente von Hindenburg a dimitir y designó a Hitler como canciller de Alemania), William Casey (el jefe de la CIA que murió de manera misteriosa durante las audiencias del caso Irán-Contra), el General Mayor Reinhard Gehlen, el General Alexander Haig, Roberto Calvi, Michele Sindona y Licio Gelli. En El Legado Mesiánico (Henry Holt, New York, 1987), Biagent, Lincoln y Leigh han añadido a la listas de miembros de la SOMM a Alexandre de Marenches, ex jefe de inteligencia de Francia, y afirman que existen vínculos misteriosos entre la SOMM y el Priorato de Sión. Gordon Thomas y Max Wittman, en El Año del Armagedón (Corgi, Londres, 1984), aseveran que los miembros de la SOMM actúan como correo entre el Vaticano y la CIA. La mayoría de los investigadores disienten vehementemente de la acusación mal documentada de Hanfkops que alega que De Selby, Flahive, La Toumier, Finnegan, y el oscuro La Foumier eran o son miembros de la SOMM.

[3] Los Illuminati, orden fundada en Baviera en 1776, era (o es) una sociedad secreta dentro de otra sociedad secreta, ya que todos los miembros eran francmasones antes de ser invitados a formar parte de los Illuminati. Ver Revolución Mundial, de Nesta Webster, Christian Back Club of America, Hawthorne, California, n.d.; El Camino de la Serpiente, de “Inquire Within”, Christian Back Club of America, Hawthorne, California, n.d.; y Disparador Cósmico de Wilson, Falcon Press, Santa Monica, 1987. La técnica Illuminati de formar una sociedad secreta dentro de otra sociedad secreta fue imitada más tarde por los Molly Maguires, un grupo revolucionario irlandés infiltrado dentro de la Antigua Orden de los Hibernios, y por la P2 que reclutó sus miembros dentro de la Gran Logia de Oriente de la francmasonería egipcia en Italia – a pesar de ser comandada, como señalamos arriba, por tres miembros del servicio secreto del Vaticano, la SOMM. El profesor Flahive pasó por grandes momentos de stress personal cuando comenzó su campaña para convencer a la comunidad erudita de que Hanfkopf en realidad era el líder de una conspiración Illuminati contra Finnegan.

[4] Según Paoli (Les Dessous d’une ambition politique, Hurhaus Verlag, Basel, 1973), el Priorato de Sion es una conspiración política seria de aristócratas franceses francmasones que intentan restaurar la monarquía en Francia. Según De Sede (La Race Fabuleuse, Editions J’ai Lu, París, 1973), el Priorato desciende de supehumanos nacidos del apareamiento entre antiguas tribus hebreas y extraterrestres de Sirio. Según Biagent, Lincoln y Leigh (El Enigma Sagrado, Delacorte, 1982), el Priorato desciende de la línea real de Jesús y María Magdalena. Según Michael Lame (Jules Verne, Initiate et initiateur, J’ai Lu, París, 1985), el Priorato es una fachada de los Illuminati, y las novelas de “ficción científica” de Verne son sutiles manuales de reclutamiento Illuminati. Finnegan afirma (Omni qua sunt, Ediciones de la Sociedad Filosófica Real Sir Myles na gCopaleen, Dalkley, 1957) que el eje Illuminati/Priorato es un intento de esparcir la iluminación eléctrica por todo el mundo, para hacer desaparecer las “moléculas teratológicas” que se mueven hacia atrás en el tiempo y generan Caos, pero esto debe ser considerado como uno de los más imaginativos vuelos del sabio de Dalkey.

[5] La Cruzada del Campus por Cthulhu ha sido señalada como responsable por la reciente ola de asesinato de niños y mutilación de ganado atribuida anteriormente a los satanistas; ver El Culto a Cthulhu, los Banqueros Interestelares, y el Punk Rock, del Rev. Jedidiah Blather, True Christian Book Club of America, Tulsa, 1987. Aunque muy pocos dan crédito a esta loca acusación, la CCC es definitivamente responsable de las calcomanías para paragolpes que dicen cosas como ME HA ENCONTRADO; ABDUL ALHAZRED NO ESTABA LOCO; YOG SOTHOTH NEBLOD ZIN; etc. Los intentos de Von Hanfkopf de vincular al profesor La Puta con el CCC pueden ser descritos como flojos y (como dijo Ferguson) “torpes intentos desesperados”. Fue luego de que Ferguson emitiera esta opinión en la BBC que la policía de su pueblo natal, Loch Pookah, recibió unas cartas que afirmaban que él, Ferguson, era el destripador de Yorkshire. Dichas cartas estaban escritas en un inglés burdo (“como el de los Katzenjammer Kids”, según lo dicho por el inspector MacAndrew, quien llevaba adelante la investigación) y tenían estampillas de Heidelberg.

[6] La controversia Finnegan/CSICON originalmente hizo erupción en forma de una manía política luego de que el profesor Sheissenhosen (ver su Werke, vol. XXIII, pp. 506-666ff.) realizara la acusación de que parte del dinero malversado del Banco Ambrosiano de Milán a principio de los 80s (maniobra realizada por el presidente del banco, Roberto Calvi, y sus asociados en la conspiración de la P2) había sido “lavado” a través de una cuenta bancaria de Dublín que Finnegan supuestamente usaba para financiar al terrorismo del IRA en Irlanda del Norte. A pesar de que esta acusación no estaba corroborada, el profesor Flahive la refutó de manera extensa (Procedimientos del Real Instituto de Relaciones Exteriores Sir Myles na gCopaleen, vol. LVI, pp. 309-417) y fue después de esto que la División Especial de la Gardia (la policía de la República de Irlanda) comenzó a recibir cartas con estampillas de Heidelberg (y en un inglés pésimo) acusando al mismo Flahive del tráfico de armas para el IRA. Esto fue inmediatamente luego del desafortunado y muy debatido incidente que involucraba al profesor Flahive y a la Niña Exploradora de catorce años de Sallynoggin, y el angustiado erudito - un devoto católico y conservador – comenzó a lanzar acusaciones locas sobre “complots intencionales” y que “le habían tendido una trampa”, cosa que triste y eventualmente degeneró en las mismas tácticas utilizadas por Sheissenhosen, afirmando que el filósofo de Heidelberg había estado asociado al apparat de la Gehlen y a la rama “rusa” de la CIA – el grupo que bajo el comando del General Mayor Reinhard Gehlen (Caballero de Malta y ex jefe de inteligencia del ejército de Hitler) llevó a cabo tareas de espionaje dentro de la misma Unión Soviética. Claro que la tosca (e inefectiva) carta-bomba enviada en este punto el profesor Flahive, a pesar de tener el matasellos de Langley, Virginia, pudo haber sido enviada por cualquiera (y uno asume que la CIA al menos es lo suficientemente espabilada como para no mandar por correo un artefacto de ese tipo desde una ciudad universalmente conocida por ser su cuartel internacional); pero luego de que Roberto Calvi, presidente del Banco Ambrosiano, fuera encontrado colgando del puente Blackfriars en Londres esa misma semana, y su secretaria, la Srta. Graziella cayera (o fuera empujada) desde una ventana de la oficina del banco en Milán, la paranoia pura descendió sobre aquellos cercanos a Finnegan o incluso en los que estaban involucrados en las discusiones matemáticas abstractas sobre el “tiempo plenuminar” y las “moléculas teratológicas” de Finnegan. Como remarcó La Puta incisivamente “todo el furor sobre Finnegan ha degenerado en el peor follón académico desde la locura sobre Bacon-Shakespeare”

[7] “PLA” es el término jergal dublinés para el Portlaois Lunatic Asylum, la institución psiquiátrica que, según afirman muchos detractores de Finnegan, será su último destino. Como escribió La Foumier (Finnegan – l’Enigme de l’Occident, p. 23) “mientras muchas cosas referidas al sabio de Dalkey permanecen en disputa, nadie ha negado que él ha tenido un número mucho mayor de ideas sorprendentemente originales que cualquier filósofo en la historia que no haya residido en una celda de paredes acolchadas”. La afirmación de Sheissenhosen de que Le Fournier era una máscara, una minucia, una ficción, un pretexto detrás del cual Finnegan escribía comentarios sobre sí mismo - en francés, nada menos -, no ha sido verificada de manera conclusiva, y La Puta asevera haber refutado enteramente esta teoría en La Estupidez..., op. cit. Luego de que esta obra fuera publicada, la policía española comenzó a recibir cartas, con el matasellos de Heidelberg, alegando en un mal español que La Puta era el principal traficante de opio en Madrid y un agente de la KGB. Los intentos del profesor Hamburger de vincular a La Puta con los Illuminati (Procedimientos de la Sociedad Musicológica de Londres, vol. XXIII, pp. 7-133), sin embargo, parecen estar bien documentados y poseen cierto mérito, a pesar de que el argumento de Hamburger de que era La Puta, no Finnegan, el que lavaba dinero de la cocaína para la P2 está lejos de ser convincente. Como documentó Penny Lernoux en su libro Esos Bancos en los que Confiamos (Anchor Press/Doubleday, Garden City, New York, 1984), la mayor parte del dinero de la cocaína pasaba a través de la Corporación Financiera Mundial en Miami y la Banca Cisalpina Exterior en las Bahamas, propiedad del finado Roberto Calvi y del Arzobispo Marcinkus. El argumento de Yallop (¿Por Voluntad de Dios?, Bantam, New York, 1984) de que Calvi y Marcinkus colaboraron en el asesinato del Papa Juan Pablo I es, por supuesto, altamente especulativo.

[8] Mas tarde, a menudo he pensado que esta fue la conversación que inspiró el ensayo más controvertido de Finnegan “¿Puede la Diosa Crear una Piedra Tan Pesada Que Ni Ella Pueda Levantar?”, que él de manera optimista envió a varios periódicos feministas radicales en San Francisco. Luego de esto, el grupo WITCH (Women’s International Terrorist Conspiracy from Hell) comenzó a realizar piquetes frente a la casa de Finnegan en Dalkey. Desafortunadamente, Flahive, en su afán de de defender a Finnegan contra sus detractores, intentó demostrar que el grupo WITCH era una “fachada” de los Caballeros de Malta. Si Flahive no hubiera sido un ex agente de la CIA que, al igual que Kerfooey, coincidentemente había estado presente en la Plaza Dealey el 22 de noviembre de 1963, ni siquiera el intempestivo Hamburger hubiera afirmado que había evidencia de juego sucio en la subsecuente y trágica muerte de Flahive debida a un accidente de caza con el profesor La Puta.


2 comentarios:

  1. felicitaciones por su blog. me ha gustado el relato de wilson y me gustaría, si a usted no le importa, poner un enlace de él en mi página "ediciones virtuales del hombre cohete"
    saludos y que vaya bien

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  2. si, cómo no; compártalo nomás saludos! ;)

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